Sobre lo que se aprende navegando

Decidí transcribir textuales algunas anécdotas y reflexiones de mi libro de viaje. Tal y como las escribí en su momento, en este caso, un Viernes 20 del 2018. Una historia de mar sobre lo que se aprende navegando.
Tramo Islas Malvinas a Piriápolis (Uruguay) – Velero Fernande.
Hojas 48, 49 y 50 del libro de viaje.Algunas palabras están marcadas con un asterisco (*) y tienen su significado al final de la página.

«Hoy fue el claro ejemplo de que todo el tiempo estamos aprendiendo y de que siempre hay más y más cosas para ver.
Una vez, navegando en el Carolin* estaba en mi guardia cuando se levantó una tormenta de viento y las olas se volvieron gigantes. Trataba de timonear sin que las olas sacudieran el barco y sin derivar para no perder el curso, pero no me salía.

Algunas notas sobre las partes de la vela. Muchas de las cosas que iba aprendiendo las anotaba en el libro de viaje para repasarlas cuando fuera necesario.

En un momento sale Francesco, el capitán, toma el timón y el barco deja de sacudirse. El barco empieza a cabecear elegantemente…
-«Si el barco se mueve hacia los lados y hacia el frente con las olas, la gente se marea; si el barco cabecea, en cambio, es mucho más llevadero.» Mientras me decía esto acompañaba las olas con un pequeño movimiento del timón. Parecía fácil, pero cuando me devolvió el timón no me salía. Las siguientes guardias lo intentaba sin éxito hasta que un día le pregunte a Francesco cuál era específicamente la técnica, cuál era el momento exacto de mover el timón. Francesco se rió y me dijo:-«Tenéis que sentir la ola».
¿Qué era «sentir la ola»? Siempre me repetía lo mismo y nunca conseguí entenderlo.

Año 2018. Hace dos días en la tormenta, era mucho más que sólo el mareo del resto. El barco se golpeaba y sacudía por las olas pero no se podía derivar porque las olas de 8 metros iban a golpear peor al barco. Íbamos a perder el rumbo, y retomarlo en una tormenta así es un poco trabajoso.

Después de la primera hora de una de mis guardias al timón entendí lo que me había dicho Francesco. Entendí cuándo y cómo direccionar. El Fernande comenzó a barrenar las olas y de pronto no golpeaba. Me di cuenta en seguida, que no sabía cuándo es que direccionaba y redireccionaba exactamente, pero estaba haciéndolo. Y estaba haciéndolo bien. Ya sentía la ola...
Me encontré haciéndolo de forma natural, lo había incorporado en pocos minutos. Pensaba:«Ja!, si me viera Francesco…»

El velero Fernande en mi libro de viaje.

Pero hoy se me presentó otra situación. En un mar completamente distinto y en un día totalmente opuesto, con sol, poco viento y un mar planchado. La veleta me daba margen para orzar* pero en seguida las olas castigaban al Fernande. Y todo con una diferencia de sólo 10 o 20 grados. Iba y venía en zig-zag sin encontrar el punto entre las olas y el gualdrapeo* de las velas de proa.
El resto fue un deja-vú. Salió Charlie (el capitán del Fernande) a cubierta, me pidió el timón y lo redireccionó en el rumbo exacto de la calma y el equilibrio.

-¿Cómo hiciste? -Le pregunté. Charlie se rió y me dijo:- «Tienes que sentir el viento.»

Así llegué a dos conclusiones. La primera es que, en el mar, cuando crees que ya aprendiste lo suficiente, aparece algo nuevo que te hace pensar hasta crecer.
Y la segunda conclusión es que en el mar la mitad de la vida a bordo consiste en sentir.»

Significado de palabras marcadas con asterisco (*)
Carolin: Velero con el cuál navegué el Mediterráneo en 2014.
Orzar: Dirigir la proa de la embarcación hacia donde viene el viento.
Gualdrapeo: Movimiento brusco de las velas, golpe de las velas en los palos.

tinta y mapa

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